Espantosa noche de Halloween.
Eran las
23:00 de la noche de la víspera de Halloween, sola en casa, como siempre.
Inesperadamente, sonó el teléfono, causándome desconcierto a la vez que me
sobrecogió. Era Carla. Su llamada me sorprendió, pues apenas habíamos
intercambiado un par de frases en el instituto.
-
¿Quieres venir a mi fiesta a las ocho y media?
- Claro, allí
estaré. – contesté, pues no todos los días me invitan a una fiesta.
- Pero estate
allí a las ocho y media, ni un minuto más, ni un minuto menos. – y, sin esperar
respuesta, colgó.
Me
resultó complicado encontrar la dirección. Era una gran casa situada en la periferia. Observé que estaba
iluminada y la música sonaba a un volumen muy elevado, llamé al timbre, pero
nadie contestó, sin embargo, la puerta se abrió. Pasé, no había ni un alma.
Había vasos y colillas tirados en el suelo. Me dirigí al jardín mientras oía la
estruendosa música y los vasos de plástico crujiendo bajo mis zapatos. Estaba
sola. Empecé a pensar en lo ingenua que había sido, pues si hasta ahora no me
habían invitado a ningún lado, porque lo iban ha hacer ahora. Corrí hasta el
piso de arriba y comencé ha abrir todas las puertas de aquel largo y sombrío
pasillo. Seguía estando sola allí. Dispuesta ha irme de aquella vivienda y olvidar
aquel rato de mi vida y hacer como si no hubiera sucedido, baje las escaleras
rápidamente y volví hacia la puerta. Baje la manilla y tire pero no se abría.
Tire con más fuerza pero esta no cedía. Empecé a desesperarme y busque la
ventana más cercana. Corrí hacia ella y intente abrirla, pero esta también
estaba bloqueada. En esos instantes de locura y desesperación se me ocurrió
coger una silla, intentar partir el cristal y salir de allí, pero un olor a
quemado me detuvo. Miré detrás de mí y vi como el fuego se estaba comiendo cada
palmo de la casa, aterrorizada corrí hacia las escaleras, pero en el piso de
arriba todo estaba en llamas. Busqué mi móvil para llamar a emergencias, no
estaba. Viendo como todo estaba ardiendo, me senté, derrotada, ya que al irme
al piso e arriba el fuego había llegado a todas las vías de salida posibles.
Mis ojos se inundaron y seguidamente sentí el sabor salado de las lágrimas,
chillé con todas mis fuerzas. Instantes después el humo llegó a mí,
asfixiándome, sentí como cada centímetro de mi cuerpo se debilitaba a medida
que pasaba más tiempo acompañada de aquella espantosa lumbre. De repente, todo
se volvió negro. Pero la muerte aún no quería que me fuera con ella. Desperté
en una sala blanca, estaba llena de cables. Entró mi madre y al verme despierta
empezó a llorar y ha decirme que me quería, y que todo había pasado. Observé mi
cuerpo, lleno de quemaduras, aquellas cicatrices se quedarían conmigo hasta la
muerte, y me recordarían aquella noche en la que la muerte me rechazó. Aquella
espantosa noche de Halloween.
April
Spinoso
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