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viernes, 27 de noviembre de 2015

  Espantosa noche de Halloween.


Eran las 23:00 de la noche de la víspera de Halloween, sola en casa, como siempre. Inesperadamente, sonó el teléfono, causándome desconcierto a la vez que me sobrecogió. Era Carla. Su llamada me sorprendió, pues apenas habíamos intercambiado un par de frases en el instituto.
- ¿Quieres venir a mi fiesta a las ocho y media?
- Claro, allí estaré. – contesté, pues no todos los días me invitan a una fiesta.
- Pero estate allí a las ocho y media, ni un minuto más, ni un minuto menos. – y, sin esperar respuesta, colgó.
Me resultó complicado encontrar la dirección. Era una gran casa  situada en la periferia. Observé que estaba iluminada y la música sonaba a un volumen muy elevado, llamé al timbre, pero nadie contestó, sin embargo, la puerta se abrió. Pasé, no había ni un alma. Había vasos y colillas tirados en el suelo. Me dirigí al jardín mientras oía la estruendosa música y los vasos de plástico crujiendo bajo mis zapatos. Estaba sola. Empecé a pensar en lo ingenua que había sido, pues si hasta ahora no me habían invitado a ningún lado, porque lo iban ha hacer ahora. Corrí hasta el piso de arriba y comencé ha abrir todas las puertas de aquel largo y sombrío pasillo. Seguía estando sola allí. Dispuesta ha irme de aquella vivienda y olvidar aquel rato de mi vida y hacer como si no hubiera sucedido, baje las escaleras rápidamente y volví hacia la puerta. Baje la manilla y tire pero no se abría. Tire con más fuerza pero esta no cedía. Empecé a desesperarme y busque la ventana más cercana. Corrí hacia ella y intente abrirla, pero esta también estaba bloqueada. En esos instantes de locura y desesperación se me ocurrió coger una silla, intentar partir el cristal y salir de allí, pero un olor a quemado me detuvo. Miré detrás de mí y vi como el fuego se estaba comiendo cada palmo de la casa, aterrorizada corrí hacia las escaleras, pero en el piso de arriba todo estaba en llamas. Busqué mi móvil para llamar a emergencias, no estaba. Viendo como todo estaba ardiendo, me senté, derrotada, ya que al irme al piso e arriba el fuego había llegado a todas las vías de salida posibles. Mis ojos se inundaron y seguidamente sentí el sabor salado de las lágrimas, chillé con todas mis fuerzas. Instantes después el humo llegó a mí, asfixiándome, sentí como cada centímetro de mi cuerpo se debilitaba a medida que pasaba más tiempo acompañada de aquella espantosa lumbre. De repente, todo se volvió negro. Pero la muerte aún no quería que me fuera con ella. Desperté en una sala blanca, estaba llena de cables. Entró mi madre y al verme despierta empezó a llorar y ha decirme que me quería, y que todo había pasado. Observé mi cuerpo, lleno de quemaduras, aquellas cicatrices se quedarían conmigo hasta la muerte, y me recordarían aquella noche en la que la muerte me rechazó. Aquella espantosa noche de Halloween.

April Spinoso 

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