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viernes, 30 de octubre de 2015

EL TESTAMENTO

   El testamento

Dieron las doce de la noche en el campanario de la ermita gótica, que se hallaba en mitad del camposanto. Delante de la puerta de entrada se erguía una mujer, enlutada y pálida, visiblemente nerviosa, la dama parecía aguardar a alguien pasaron unos minutos cuando, un hombre vestido de negro se acercó a ella , entonces comenzaron a hablar, a continuación cada uno se fue por su lado.
Al día siguiente a las doce, aquella mujer se mostraba nerviosa como la noche anterior cuando de nuevo apareció el mismo hombre cuyo rostro ocultaba, pero esta vez sujetaba una pala y un papel que parecía bastante antiguo.
Entre la niebla desaparecieron hacia el interior del camposanto, una vez llegaron a su destino; cavaron y cavaron hasta que sus palas emitieron un sonido sordo, algo habían encontrado.
A la mañana siguiente apareció una noticia en el periódico local  en la que se contaba que el cementerio había sido profanado, una de sus tumbas estaba vacía, alguien se había llevado el féretro y el secreto que guardaba dentro. 
esa mañana no se hablaba de otra cosa en la ciudad, aquella tumba pertenecía a Luciano Cortés, difunto jefe de la mafia Napolitana.
Al enterarse la mujer y su misterioso amigo, decidieron devolver a Luciano Cortés a su sepultura, ya no lo necesitaban lo que buscaban estaba el interior de su chaqueta. Mientras realizaban la devolución dieron las doce en el campanario de la ermita gótica  pero esta vez las campanas sonaron diferente, alguien o algo las había echo tañer a deshora, ese algo era el espíritu enfadado de Luciano Cortés, que reclamaba a la mujer y su amigo lo que no les pertenecía. Como un ave Fénix descendió del campanario y desapareció dentro de su propia tumba, para segundos después volver a aparecer increpando a la mujer. El hombre misterioso entró en su defensa gritándole:

-Papá, déjala ella no tiene la culpa, ha sido todo idea mía, tú siempre me menospreciaste, para tí solo existía Carlo, mi hermano, tu primogénito. Solo querías que el siguiese tu legado. Yo no soy como vosotros.

Al oír esas palabras Luciano Cortés se revolvió en su tumba, él pensó que sus hijos eran todos como él.
Eros, era el menor de sus siete hijos, nunca le gustó lo que hacía su padre, aunque nunca le falto de nada; pero a la muerte de su padre decidió ayudado por su novia Marlene, robar el testamento, para no dejárselo a su hermano Carlo y que dejase de ser un mafioso.
El espíritu de Luciano Cortés regresó a su tumba para no salir nunca jamás.
Eros y Marlene consiguieron su propósito y se olvidaron de la mafia para siempre.

                                                                               Silvia Menéndez 

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