CRIMEN
Dieron
las doce en el campanario de la pequeña ermita gótica, que se hallaba en mitad
del camposanto. Delante de la puerta de la entrada, se erguía una mujer enlutada y pálida.
Visiblemente nerviosa, la dama parecía aguardar a alguien.
A lo
lejos, se veía a alguien… no se sabía bien quien era… ella seguía ahí, quieta. Cada vez estaba más cerca y se veía
un hombre arrastrando un saco muy grande. Ella se acercó lentamente a él, se
saludaron y entraron: estaban compinchados. Unos días antes ,la mujer, que se
llamaba Esther, había tenido una fuerte discusión
con su marido. Ella salió de casa y
cogió su coche y su marido, Román se
puso delante, apoyado en el capó y se
puso a gritar con amenazas. Esther, cansada
de todo, arrancó y lo atropelló. A
continuación, se bajó del coche, lo agarró por una pierna y lo llevó al garaje.
Después de hacer cosas macabras con él, llamó a su amigo para que se lo
llevara.
Llegó la noche y después de haber entrado, se pusieron a cavar para enterrar el cadáver.
El guardia de seguridad ,que rondaba por allí,
escuchó un ruido y se puso a buscar de donde procedían.
Los dos amigos vieron una luz y oyeron ruido de pasos, así
que salieron huyendo. El guardia vio el
cadáver sin enterrar y llamó a la policía.
Esther y su amigo huyeron lejos para
que jamás los encontraran y nunca ,
nunca, se supo nada de ellos.
Bárbara González Alonso
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