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viernes, 30 de octubre de 2015



    
                          CRIMEN

 

Dieron las doce en el campanario de la pequeña ermita gótica, que se hallaba en mitad del camposanto. Delante de la puerta de la entrada,  se erguía una mujer enlutada y pálida. Visiblemente nerviosa, la dama parecía aguardar a alguien.

    A lo lejos, se veía a alguien… no se sabía bien quien era… ella seguía ahí,  quieta. Cada vez estaba más cerca y se veía un hombre arrastrando un saco muy grande. Ella se acercó lentamente a él, se saludaron y entraron: estaban compinchados. Unos días antes ,la mujer, que se llamaba Esther,  había tenido una fuerte discusión con su marido.  Ella salió de casa y cogió su coche y su marido,  Román se puso delante,  apoyado en el capó y se puso a gritar con amenazas. Esther,  cansada de todo,  arrancó y lo atropelló. A continuación,  se bajó del coche,  lo agarró por una pierna y lo llevó al garaje. Después de hacer cosas macabras con él, llamó a su amigo para que se lo llevara.

     Llegó la noche y después de haber  entrado,  se pusieron a cavar para enterrar el cadáver. El guardia de seguridad ,que rondaba por allí,  escuchó un ruido y se puso a buscar de donde procedían.

          Los dos amigos  vieron una luz y oyeron ruido de pasos, así que salieron huyendo.  El guardia vio el cadáver sin enterrar y llamó a la policía.

        Esther y su amigo huyeron lejos para que jamás los encontraran y  nunca , nunca, se supo  nada de ellos.

 

                                                    Bárbara González Alonso

                                                                     

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